el partido
Cuando faltan apenas unos dias para la gran cumbre mundial en la que debe decidirse el futuro de nuestro planeta, en cuanto a su solvencia económica se refiere, Rodríguez Zapatero sigue sin tener su asiento reservado.
Las súplicas y la insistencia de ZP por asistit a tan magno y fastuoso acontecimiento, recuerdan, sin ánimo de ofender, a ese niño que en el patio del colegio pide incorporarse a un partido que se está disputando entre, por ejemplo, las clases A y B de quinto de primaria.
De momento, nuestro primer ministro convertido en niño de pantalón corto y polo de uniforme, ha recibido todo tipo de respuestas. Como en el patio del colegio, el resto de niños se han quitado el muerto encima… el balón no es mío, pregúntale al dueño… ¿quién es?… no lo se… es que ya somos pares… ¿si me busco a otro?… no, porque así seremos más de once y no chana… hemos cortado… pero si tú no eres de nuestra clase… espera y si alguien se cansa…
Total, unos por otros, el niño no puede jugar. O se lesiona alguien o tendrá que seguir el encuentro desde el banquillo mientras se como el bocata de mortadela… o, como puede que suceda, alguien con alma caritativa se sacrifica para que, por lo menos, juegue un ratito y demuéstre su calidad.


